Bienvenidos al blogger de Meridional. Un espacio para intercambiar ideas y mucho más. Como las que presenta el nuevo libro de mi compañero Barojas, "
Infancia de memoria". El título ya es invitante, porque es lo que se acuerda, dice él mismo, motivado por el reciente deceso de su madre, en los EEUU. A partir de ese acontecimiento, de suyo muy importante, su memoria se refresca y nos comienza a contar de su ciudad natal, Guaymas, entre el desierto y el mar.
Es la historia de Cuco, el sexto entre doce hermanos, el hermano "bisagra", como dice él mismo, entre lo que aparentemente son dos hornadas de hijos. No es el más travieso, pero sí el más observador y el único que recuerda los rituales de la infancia que son una travesía por los cinco sentidos: Los aromas. El santo olor de las tortillas de harina o del pan dulce. El dolor de la golpiza por la travesura o el accidente. El sabor del
chocomilk. La música y el sonido de las palabras que en Sonora son localismos. El calor, el calor perenne del desierto.
El diario de Cuco puede leerse de corrido o en desorden. Tiene historias que se sostienen solas, cuentos brevísimos que lo emparentan con las "Batallas en el desierto", de José Emilio Pacheco y su descripción de un medio urbano en los años cincuenta y sesenta.
Compendio de costumbres del noroeste de nuestro país. No falta el beisbol y sus aficionados, los jugadores de fama internacional que, ¡quién lo diría! eran parientes suyos. Nadie es profeta en su tierra, y el billar, que pasa de deporte de vagos por antonomasia, a tarjeta de presentación del tío que viaja a EEUU y logra fama y fortuna gracias a un deporte mal apreciado.
EL billar no es la única alusión a los EEUU. Yo también me acuerdo de la alegría y signo de prosperidad que era consumir dulces de contrabando.
Contiene además la tensión entre los padres de una hija ausente que vive en los EEUU, a la que extrañan, pero al mismo tiempo concluyen, como muchos de los mexicanos cuya familia vive entre el coloso del norte y México: "¿y para qué la traemos?"
Tiene algunos pequeños problemas que un buen editor corregirá en la segunda edición que, ya me avisaron, pronto estará disponible: Abrir interrogaciones, por ejemplo. Y algunos episodios que se podrían organizar de otro modo. Por ejemplo, el capítulo "La escuela de calor", que proviene, obviamente, de la famosa canción ochentera, pero que encaja perfectamente en la narración de un niño para el que la calle fue también una escuela. Pero encaja el resto de la letra: "hay tribus ocultas cerca del río, esperando que caiga la noche", es un verso que pudiera corresponder en el episodio en el que Cuco tiene que visitar otro barrio, y en donde se dan de santos que no los atacaran a pedradas, y adonde fueron de todos modos, pero "hace falta valor."
Algunas personas se quedan con las ganas de saber qué le pasó a Cuco en esa nueva etapa de su vida. No hace falta. Si acaso, a manera de glosario, añadir unas páginas en las que se anote el destino de los personajes principales a partir de esa fecha.
Cuco el adulto es especialmente certero al anotar que, cuando la gente se quejaba de la situación del país a fines de los sesenta en realidad se quejaban de un país que estaba boyante, y cuyos habitantes no esperaban el cruel ramalazo que los pronto los azotaría. Por eso creo que la escena más bella es la de la mujer que les vende las tortillas de harina recién hechas. Ese retrato es digno de Diego o del Indio Fernández.
Al fin, y aunque no nos guste, el cambio le llegó a Cuco en forma de una mudanza que nadie quería, aunque el cambio fue para mejorar.
Me parece increíble imaginar al Cuco en calzones y descalzo por las calles ardientes de Guaymas y que él sea mi mismo compañero del Servicio Exterior Mexicano. Dicen que el niño que fuimos sigue vivo dentro de nosotros; créanme que conozco a Cuco porque sigue bien vivo aquí en Yakarta.
Le mando una felicitación muy cordial porque realmente tiene madera de escritor; lo hace con cariño.
No conozco ejemplos de su poesía, pero Barojas es un gran lector de poemas. Los recita de memoria y los recuerda muy oportunamente, y crea metáforas como la "sal (que) forma mapas en las espaldas de los pescadores".
Va desde aquí una bienvenida a este nuevo narrador a quien conmino a que siga produciendo y nos siga regocijando con estas imágenes tan primorosas de su infancia y de un país que ya no existe.