jueves, septiembre 20, 2012

¡Buenos días, señor!

El otro día, mientras esperábamos entrar a la clase del curso de leyes migratorias, muy temprano, tuve necesidad de ir al baño. Allí, detrás de mí, uno de los afanadores me dijo:
- "Buenos días, licenciado".
- "Buenos días", repliqué.
- ¿Qué dice la chamba?
- Bastante, le dije. Además, esta vez comienza tempranísimo y acaba bien tarde.
- ¡Qué cosa, verdad! ¡La chamba que no se acaba nunca! Que tenga usted un muy buen día, licenciado!

Así fueron los mejores buenos días que me habían dedicado en mucho tiempo.

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