Muy poco después de aterrizar en Roma y traspasar el umbral de nuestro departamento, mi querida señora reía y era feliz de haber vuelto a sus cosas y sus muebles. Cantaba y baliaba de alegría. Al fin, el pequeñín le preguntó: "¿Por qué estás tan contenta si no vas a ver a tu mamá en dos años?"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario