jueves, octubre 18, 2007

Crónicas del exotismo.

Primer acto.
La primera sensación de que nos dirigíamos a otro mundo (el Tercero) nos la proporcionó un anciano de evidente origen chino. En el aeropuerto de Newark, mientras esperábamos el vuelo que nos llevaría a Singapur, el pequeño LD jugaba con los bebederos que decían “Push”. Había uno bajito, de su estatura, y de él bebía, pero también otro de talla adulto; de éste nada más empujaba el botón de “Push”. En eso se acercó un anciano, encorvado que se acercó a beber agua. Probablemente no conocía el funcionamiento del bebedero. Se acercaba y el agua no fluía. Entonces LD empujó el botón de “Push” y el viejecito pudo beber finalmente. Cuando hubo saciado su sed, se inclinó ante el pequeño LD y juntando sus manos en posición de oración dijo: “Thank you, dear.” Esta escena, de una cortesía asiática, ajena en todo a nosotros, es digna de un anuncio de Coca-Cola, ¿o no?

Segundo acto.
Curiosidad lexicográfica. A pesar de la lejanía y de que las lenguas indonesia y castellana no son parientes, a veces nos han permitido sentirnos más cerca de nuestro terruño. Nuevamente, el pequeño LD propició la ocasión. Visitábamos casas –¡hemos visto cerca de 50!- y al bajar de una escalera, LD iba a tropezar, entonces la vendedora, de obvio origen indonesio, exclamó: “¡Aguas, aguas!” Al advertir nuestra sorpresa por el inesperado parentesco, la vendedora explicó: “’¡Aguas!’ means “watch out!” in Indonesian.”

Tercer acto.
La fiesta del “Grito” fue muy bonita. Eran más de 400 invitados en el “Four Seasons” y, como se dijo en el mensaje correspondiente, alrededor de 15 miembros de la comunidad mexicana. Todos destacados, todos extra comunitarios. Una copia helada de nuestro Angel de la Independencia ornaba el centro del salón. Un video en el escenario de las bellezas naturales de nuestro país. Música sinfónica de México. El menú buenísimo: los chefes eran de Indonesia, pero se habían especializado en San Diego, en el “Four Seasons” de allí, y por eso conocían de cocina mexicana: pescado a la veracruzana, tacos de “beef” y de pescado, flan, arroz con leche. El mero chef nos preguntó antes de empezar la fiesta si sabíamos de pozole “claro, como no”, entonces, vengan a probar si nos quedó bien. Lo encontramos un poco ácido. Explicaron que era por el vinagre de sidra que le ponían “pero, añadieron, a la mayoría de sus invitados les va a gustar así”. EL chef estaba además bien orgullos de que en Yakarta había fabricado mole, gracias al chocolate importado de Singapur. Entonces le expliqué que en México había varios tipos de mole, según la región y los chiles locales, entonces, si le quedaba bien, podríamos empezar a hablar del mole Indonesia. Naturalmente, el chef fue dichoso esa noche en la que casi todo picaba, menos el mole, que sabía sobre todo a chocolate. Aunque el tequila y la “Corona” son de nuestro principales productos de importación, no se sirvió nada de alcohol porque ese día precisamente iniciaba el Ramadán. Fue una fiesta memorable, y entrañable; hubo de todo, menos “Grito”.

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