viernes, octubre 19, 2007

Crónica de un desvelo anunciado.

Cuando llegamos a vivir a Yakarta, el embajador preguntó: “¿Saben algo del Islam?” Claro, contestamos, porque hemos leído, porque lo hemos estudiado para la universidad y para el trabajo. “Nada más les digo una cosa: no se espanten.”

No se espanten. ¿No se espanten de las costumbres de la gente? ¿No se espanten que muchas mujeres lleven velo? ¿No se espanten de que vendan la carne de cerdo separada? ¿No se espanten de que es el mes del Ramadán? ¿Que van a festejar el año nuevo 1428? Nosotros ya sabíamos que el año nuevo es una gran fiesta. Acaso no debíamos espantarnos que en Indonesia, que es el país musulmán más poblado del planeta, existan policías morales y religiosos, que vigilen el cumplimiento de las buenas costumbres. Precisamente, nuestros festejos patrios ocurrieron al comienzo del Ramadán, y esa fue la razón para que no se sirviera alcohol durante la fiesta.

Sin embargo, Indonesia es un estado laico y se fomenta la tolerancia a todas las creencias. Es más, cuando nos han presentado gente, algunas personas responden en este orden: Me llamo tal, vivo en tal “y soy cristiano”, es más, cristiano devoto. Caray, si hay cristianos desde el siglo VI, y han hecho aquí su vida, no cabe duda que Indonesia es un país tolerante. Encontramos además, a los hinduistas, que se concentran en la isla de Bali, y a los budistas.

No es más que parte de la historia de este país, que está ubicado estratégicamente a medio camino entre dos océanos, en plena ruta y fuente de las especies, entre las civilizaciones india y china. Y son, a diferencia de lo que vemos en otras latitudes, musulmanes tropicales, bien llevaderos. Además hay rascacielos poderosos y numerosas maquiladoras ¿qué puede ser más moderno?

Pero no. El espanto no tuvo nada que ver con lo que la gente culta, “leida y escrevida” conoce. No. El espanto tiene su origen en las oraciones a las tres de la mañana, y nuevamente a las cinco. El espanto es que no es una sola mezquita, son miles, y todas hacen lo mismo y además se auxilian con altavoces en la calle para invitar a todo el mundo a la oración. Hoy, 12 de octubre, los cantos del año nuevo comenzaron a las tres de la tarde, y no tienen visos de concluir antes de la medianoche.

Rocío y yo sufrimos por esta situación, pero el pequeño Luis Diego, no. Hagan de cuenta que aquí hubiera nacido y que filtrara todos estos cantos. Ahora mismo comienzan los cohetes. Será una larga noche, samacueca, samacueca…

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