jueves, agosto 09, 2007

Bienvenidos al blogger de Meridional. Un espacio para intercambiar ideas y mucho más.

Hay muchas formas de enojarnos con nosotros mismos. La mejor y más evidente es vivir en los EEUU y trabajar cerca de los mexicanos que acuden a nuestras oficinas. Mientras más cerca nos encontramos de ellos, más claramente nos conocemos.

No creo que haya mexicanos que vengan por placer, en busca de la democracia o la libertad. Ellos vendrán fundamentalmente por hambre o por amor.

Cuando vienen por hambre el proyecto es simple. Quieren trabajar para alimentar a su familia, y los EEUU les permite hacerlo. Así de sencillo. Aquí nadie les regala nada. No hay free lunch para nadie. Y desde luego, nadie espera que les regalen nada. Saben que así es y trabajan. Trabajar sin mayor pensamiento que la familia es muy loable. Lo admiramos. Lo celebramos. Pero no lo vivimos porque estamos cerca de los nuestros. Si estuviéramos solos suficientemente, entonces la soledad nos obligaría a pensar en traer a nuestra familia. Primero la mujer.

Ella no sueña con vivir en Nebraska. Ella sabe que hace frío. Ella sabe que la pasada en peligrosa. Pero acepta venir porque su marido la necesita y para eso están juntos.

Haciendo cuentas nos sale bien este arreglo. Con el sueldo de la matanza (alrededor de $20,000 al año) tendremos casa propia, dos coches, cablevisión, los niños irían a la escuela -por ley, y en inglés-, la mujer no trabajaría de sol a sol para sacar agua de un pozo contaminado por metales pesados. Nuestra ecuación arrojaría números positivos. ¿Cuánto hace falta? Si son dos sueldos, estamos hablando de alrededor de $40,000. Y ni así salen las cuentas.

El límite de las posibilidades ocurre cuando se plantean traer a los niños que dejaron encargados. Aceptan enfrentar los peligros por las autoridades y por la ausencia de éstas; y todo por los niños. Si todo sale bien, contemplamos un cuadro bello y a la vez dolorosísimo: la familia triunfante, que ha vencido el hambre y la soledad con el amor que sus miembros se tienen entre sí. Pero, al mismo tiempo, ni con todo el amor ni todo el trabajo de sus miembros, no logran erradicar al miedo.

1 comentario:

JAB dijo...

Errado ha sido siempre el camino de la humanidad. Vivimos en una tierra en la que el error supera a la verdad y lo inimaginable es parte de la mente colectiva de esta decadente sociedad. Pero al fondo del tunel - dedico esta línea a los paisanos en la mina - siempre habrá la llama del consuelo, aquella que con un suspiro nos invita al olvido, a ingresar en los cabales de lo divino sin dejar de sentir que la acousidad de las venas deja de retumbar desde la misma entraña de la razón y emerge en forma de sosiego, metamorfosis común del hombre contemporáneo.
Y aunque por judio errante me han de nombrar, he de destacar que neófito era yo ante tan cabalística representación de mi propio decir. Mas ahora que Borges de nuevo nubló mi razón, el Golem y su patrón emanan una nueva escencia, y destinado me dejan a huir de mi presente, porque una vez más se ha abierto la vereda hacia la incertidumbre del fin del camino. No obstante susurran aquellos en cuyas manos el peine yace reposando, "porque más vale camino que vereda", y si no cuestionemos a nuestra propia paciencia, cuando del país de Chichihualco un emisario se presenta, con su dote de diplomático que a simple vista nada muestra, pero bastan dos o tres palabras para inferir que el error no está en su gramática, léxico o semántica, sino en haber sido concebido como parte de un mundo en el que no pasa nada.